Creo que no es necesario jugar con la gente, ni utilizarla, ni manejarla al antojo de uno. Somos los mismos seres, seres humanos, y no aprendemos que el mismo dolor que le causamos a algunas personas nos lo puede causar otra a nosotros mismos. No está bien que creemos una ilusión a alguien, hacerle sentir como en el cielo en el momento en el que lo necesita, después tratar de hacer como si nada se hubiera hablado y luego volver a crear la ilusión para que al cabo de los días decidas que no, que es mejor que olvidemos. ¿Que olvidemos? ¿De verdad piensas que eso se puede hacer?
¿Y tú qué? ¿Qué me pasa contigo? ¿Por qué me engancho y me engancho? Claro, ahora no puedo despegarme. Te tengo cariño, te quiero a mi modo y quiero que lo intentes. En estos momentos es pedirte mucho, lo sé, pero volvemos a lo mismo... ¿De qué cojones sirve que te traten como reina si después no lo van a volver a hacer? ¿Para qué crear el ansia, alimentarla durante un efímero tiempo y después pretender que ese ansia desaparezca sola? No espero nada, ni de ti ni de mí, aunque se me haya creado una vaga ilusión. A pesar de ello, sigo mirando la pequeña pantalla con cara de imbécil aunque lo que esté haciendo sea leer agua pasada o aunque en esos instantes me hables de ella y me digas que no sabes nada. Yo me pregunto qué tienes, qué me ha hecho caer... Me encanta escuchar mi móvil vibrar porque muchas veces tú eres la responsable de ello y otra vez me vuelve la sonrisa tonta. No sé por qué pero cuando lo hace de madrugada y no eres tú no me despierto, pero si eres tú los párpados se me abren de repente, y eso que es imposible que sepa si eres tú o si es un mosca. Odio que me digas que me echas de menos y que quieres verme, bueno, realmente me encanta que me lo digas, pero lo odio porque nunca ocurre realmente. ¿Es mejor dejar de hablar? No, porque nos gusta tanto que lo pasaríamos mal. ¿Pero qué coño hago yo? Me quejo y con razones, todo lo que quiera, porque la vida es una y la mía es mía, no de nadie, y debo ser yo quien decida por mí. Yo ya he decidido que quiero intentarlo, pero sólo eso. Tú no decides nada y todo esto es por hablar sin pensar y por dejar que pase mucho tiempo entre el "quiero besarte" y el día en que supuestamente queramos hacerlo. Lo sé, soy imbécil y lo tengo asumido, pero soy así y si no, no sería yo.
Ahora ya ni creo, ni pienso, sólo deambulo y espero con ilusión pero sin esperanzas.
martes, 15 de enero de 2013
Reflexiones nocturnas y caducadas
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