viernes, 16 de agosto de 2013

Esta es la historia de una nube infame:

Cuenta la leyenda que el amor
alguna vez fue correspondido,
que las cegadoras nubes nunca existieron
y que jamás lanzaron cristales de hielo.

Pero ahí estaba, la vi,
tan hermosa que caí.
Ahí siguió, la toqué,
tan húmeda que lloré.
Aquí está, la siento,
tan fría que me estremezco.

No dio tregua el muy hostil,
abrió sus alas y entre sus gotas
y cristales el rayo apareció.
Y ahí quedé yo, inundado,
clavado y atravesado de amor.

Mas, ¿quién se apiada de mí?
de este maltrecho harapo que
al fin aprendió a ser vil,
que ahora sabe que el sol quema,
la luna es inalcanzable para él
y que el color de las nubes
siempre fue el gris.

Sólo me queda refugiarme
allí donde el mar pueda sanarme
donde mi humedad se confunda con el agua,
pero sin olvidar que sus gotas
son fruto de nubes y no sólo de una,
sino de un cielo de nubes.