Entró sin permiso, vino armada,
cargada de amorío y destrucción.
Todo contra un alma cuya única armadura
yacía en un desbaratado amor.
Supo adentrarse en lo más profundo.
Un lugar remoto que dejé olvidado
donde cohabitan el deseo y la templanza
y residen las ruinas de esta reina acorazada.
No puedo evitar enamorarte,
embelesarme con tu lúcida mirada...
Soy como un atolondrado gorrión
que busca cobijo en tu corazón.
Aunque no hay tiempos de paz
para esta beligerante vida,
por más que ella lo intente
no hay un cese en mi latir.
Para mi luz bastan tus ojos,
para tu calma brindo mi sosiego.
Migrarás del cielo al infierno
sólo con el roce de mis dedos.
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